Septiembre Amarillo: las batallas que no siempre podemos ver

Hace unos días vi una publicación en redes sociales que me dejó pensando.

Mostraba fotografías de personas que murieron por suicidio y, junto a ellas, la edad que tendrían actualmente. La idea era muy sencilla, pero también muy fuerte.

Hoy, 8 de septiembre, una de esas personas estaría cumpliendo 37 años.

Tim Bergling, mejor conocido como Avicii, nació en Suecia el 8 de septiembre de 1989. Para quienes me conocen no es ningún secreto lo importante que es su música para mí. Si tuviera que elegir el soundtrack de diferentes momentos de mi vida, seguramente varias de sus canciones estarían ahí.

Quizá por eso su historia siempre me ha resultado tan difícil de comprender.

¿Cómo puede alguien joven, talentoso, famoso, admirado por millones de personas y aparentemente con todo lo necesario para ser feliz estar sufriendo por dentro?

Creo que precisamente ahí comienza una de las reflexiones más importantes de Septiembre Amarillo, una campaña dedicada a crear conciencia sobre la prevención del suicidio y la importancia de la salud mental.

El origen del color amarillo tiene una historia particularmente triste. En 1994, Mike Emme, un joven estadounidense de 17 años conocido por un Ford Mustang amarillo que él mismo había restaurado, murió por suicidio. Después de su muerte, familiares y amigos comenzaron a repartir tarjetas y listones amarillos con un mensaje muy sencillo; pedir ayuda. 

Años después, el amarillo terminó convirtiéndose en un símbolo internacional de prevención. 

Y las cifras explican por qué necesitamos hablar del tema.

De acuerdo con los datos más recientes del Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) 48,824 personas murieron por suicidio en Estados Unidos durante 2024. 

Pero existe otro número que quizá impresiona todavía más: ese mismo año se estima que 14.3 millones de adultos estadounidenses pensaron seriamente en suicidarse, 4.6 millones hicieron un plan y 2.2 millones lo intentaron.  

Son números alarmantes detrás de los cuales existen personas, familias e historias.

Durante muchos años cometimos el error de pensar que una enfermedad mental necesariamente tenía que ser visible. Incluso utilizábamos palabras como “loco” para describir a alguien con problemas psicológicos, como si pudiéramos reconocer el sufrimiento simplemente mirando a una persona.

Hoy sabemos que no funciona así.

La depresión, la ansiedad y otros problemas de salud mental pueden presentarse en personas que trabajan, tienen familia, hacen ejercicio, salen con amigos, sonríen para una fotografía y aparentemente llevan una vida completamente normal.

Avicii es para mí uno de los ejemplos más difíciles de entender precisamente por eso.

Su música transmitía energía, libertad, celebración y ganas de vivir. Después de su muerte, su familia creó la Tim Bergling Foundation, enfocada, entre otras causas, en la salud mental y la prevención del suicidio. Incluso los ingresos netos de su álbum póstumo TIM fueron destinados a la fundación.  

Y hay algo que ahora resulta imposible escuchar de la misma manera.

Una de las canciones que Avicii dejó prácticamente terminadas fue “SOS”, publicada de manera póstuma en 2019 y cantada por Aloe Blacc. Comienza diciendo: “Can you hear me? S.O.S. / Help me put my mind to rest.” (¿Puedes escucharme? S.O.S. / Ayúdame a encontrar un poco de paz en mi mente).  

Son apenas algunas palabras, pero después de conocer su historia adquieren un significado completamente diferente. El propio Aloe Blacc dijo al publicarse la canción que sentía que Tim había escrito sobre algunas de sus propias batallas y que la canción podía darle a otras personas palabras para decir; “necesito ayuda”.  

Por eso necesitamos aprender a observar un poco más.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos advierte sobre señales como hablar de querer morir, sentirse vacío, desesperado, atrapado o como una carga para los demás; alejarse de familiares y amigos, despedirse, regalar pertenencias importantes, asumir riesgos peligrosos, presentar cambios extremos de ánimo o alteraciones importantes en el sueño o la alimentación. Especialmente cuando esos comportamientos son nuevos o han aumentado recientemente, no deberían ignorarse.  

Pero tampoco necesitamos convertirnos en psicólogos para ayudar.

A veces podemos comenzar simplemente preguntando:

“¿Estás bien?”

Y, sobre todo, tomar el tiempo para escuchar la respuesta.

En Estados Unidos existe la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis. Se puede llamar o enviar un mensaje de texto al 988. Es gratuita, confidencial y está disponible las 24 horas. No es necesario esperar a que una situación llegue al extremo para buscar ayuda.  

Hoy Avicii tendría 37 años.

Nunca lo conocí. Nunca estuve cerca de él. Pero su música forma parte de mi vida y probablemente seguirá haciéndolo mientras pueda escucharla.

Quizá aquella publicación que vi tenía precisamente esa intención; recordarnos todos los cumpleaños, viajes, abrazos, conversaciones, canciones y momentos que una persona todavía podría haber vivido.

Septiembre Amarillo no debería tratarse solamente de estadísticas o de colocar un listón de determinado color.

Debería recordarnos algo mucho más sencillo:

No siempre podemos ver las batallas que alguien está librando. A veces un SOS no se escucha como un grito, por eso vale la pena aprender a escuchar.

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