La semana pasada me pasó algo que no esperaba. Me quedé viendo el teléfono más tiempo de lo normal, navegando sin rumbo, de video en video, de publicación en publicación. Ese famoso “scroll infinito” que empieza como descanso… y termina robándote horas sin darte cuenta.
En medio de ese recorrido me encontré con una cuenta que, sinceramente, me dejó pensando. Era una señora de edad avanzada que hacía videos (para varias redes sociales) comiendo frente a la cámara, sin ningún tipo de cuidado; bocados grandes, ruido al masticar, comida que se le escapaba, todo muy exagerado, casi convertido en espectáculo. Lo que más me llamó la atención no fue solo la escena, sino lo que venía alrededor; miles de vistas, comentarios, gente enviando dinero, y la propia creadora agradeciendo ingresos de entre 500 y 700 dólares por publicación.
No me horrorizó el contenido. Me hizo reflexionar otra cosa.
Me pegó pensar en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo como sociedad.
Porque más allá de juzgar a quien crea ese contenido —que al final está aprovechando una oportunidad— la pregunta real es otra: ¿por qué millones de personas se quedan ahí viendo eso durante minutos… o horas?
El problema no es solo lo que vemos. Es lo que ese hábito hace en el cerebro.
Según especialistas en neurociencia, el consumo constante de contenido corto y repetitivo genera pequeñas descargas de dopamina, la misma sustancia relacionada con el placer y la recompensa.
El detalle es que, cuando esto se vuelve constante, el cerebro empieza a acostumbrarse a la gratificación inmediata. Y entonces lo que requiere más atención —leer, concentrarte, incluso pensar— empieza a sentirse pesado.
Nos volvemos impacientes sin darnos cuenta. Nos cuesta más enfocarnos.
Nos cuesta más aburrirnos… y eso es un problema.
Porque en el aburrimiento también nace la creatividad, la reflexión, incluso la calma.
El “scroll infinito” no es casualidad. Está diseñado para que no te detengas. Siempre hay otro video, otra historia, otro estímulo. Y así, sin darte cuenta, pasas de estar descansando… a estar saturando tu mente.
Y lo más curioso es esto: terminamos más cansados que cuando empezamos.
No se trata de dejar las redes sociales. Sería poco realista. Se trata de usarlas con conciencia. De darte cuenta cuándo estás eligiendo ver algo… y cuándo simplemente estás cayendo en el hábito.
Porque el tiempo que se va ahí, no regresa. Y más allá del tiempo, hay algo más valioso en juego: tu atención.
Y en donde pones tu atención… termina construyéndose tu vida.