Se acaba diciembre y las redes sociales ya están llenas de metas, objetivos, planes estratégicos, calendarios coloridos, pizarras con “visión 2026” y frases tipo “nuevo año, nuevo yo”. Y está bien, para quien le funciona. Pero también está bien no hacerlo. Porque no todo cambio empieza en enero… y no todos los caminos son iguales.
En mi experiencia —y lo veo también en mi trabajo, en mi entorno, en mi historia— los verdaderos comienzos a veces llegan en marzo, en agosto, o un día cualquiera después de una caída. No porque lo planeaste perfecto, sino porque algo dentro de ti hizo “click”. Y ese “click” no obedece a un calendario, obedece a un momento de verdad contigo mismo.
La constancia vale más que el entusiasmo de enero. Porque sí, empezar es emocionante, pero lo que sostiene el cambio es seguir, incluso cuando no se ve el avance. Incluso cuando no tienes ganas. Incluso cuando parece que todo va lento. Es ahí donde se construye de verdad.
Y en ese proceso, algo importante: los pequeños logros también cuentan. A veces uno se exige tanto que olvida todo lo que ha hecho bien. Olvida que levantarse un día más ya es un logro. Que cuidar tu cuerpo, dormir mejor, ir al médico, comer más consciente, decir “no” cuando hace falta, también son formas de avanzar.
Por eso, si vas a planear algo este año, empieza por cuidarte. Por cuidar tu salud. Lo demás —te lo prometo— se acomoda. Porque un cuerpo que se siente bien, una mente en paz, un corazón que no arrastra culpas ni agotamiento, tiene más energía para cualquier meta.
No todo se trata de productividad. También se vale reflexionar antes de actuar, hacer una pausa antes de correr, permitirte el descanso sin sentir culpa. Incluso si diciembre no te dejó con la energía más alta, no pasa nada. Estás a tiempo. Siempre lo estás.
Y si caíste, si no cumpliste algo que prometiste, si tu lista de 2025 se quedó a medias… está bien. Date permiso de levantarte sin regaños internos, de volver a empezar sin drama. Porque el éxito no es una línea recta, ni un “check list” que se llena rápido. El éxito —de verdad— es poder disfrutar el camino, sabiendo que estás construyendo algo real.
A veces creemos que hay que tenerlo todo claro el 1 de enero. Pero quizás, esta vez, lo más sabio sea no llenar la hoja en blanco, sino observar. Escuchar. Sentir. Y caminar a tu ritmo. Porque cuando uno se escucha, el plan llega solo. Y esta vez, llega para quedarse.