A veces, lo más básico es lo que más se nos escapa. Preguntemos en nuestro círculo cercano cuántas personas están realmente conscientes de cuánta proteína consumen al día. Lo más probable es que la mayoría no tenga idea. Y no es por desinterés, sino porque por mucho tiempo hemos escuchado que las proteínas son “para los que van al gimnasio” o “para los que quieren ganar músculo”. Pero según la doctora Gabrielle Lyon, especialista en medicina funcional y experta en longevidad, ese enfoque es limitado y hasta peligroso.
Lyon propone un cambio en la forma de ver la vida; no deberíamos pensar en el envejecimiento como un proceso inevitable de fragilidad, sino como un proceso acelerado por la pérdida de masa muscular. Y ahí es donde entra la proteína. Según su investigación, mantener una masa muscular saludable no solo mejora nuestra fuerza y movilidad, sino que también impacta en la regulación de la glucosa, el metabolismo, la función inmune y hasta la salud cerebral.
Más que una cuestión estética o atlética, la proteína es una necesidad fisiológica que empieza a ser más crítica con la edad. A partir de los 30 años comenzamos a perder masa muscular de forma natural si no hacemos algo al respecto. Y aunque muchos se preocupan por tener suficiente calcio para los huesos, pocos entienden que sin músculo, tampoco hay soporte estructural.
En las conversaciones con amigos o compañeros de trabajo, noto con frecuencia comentarios como: “yo casi no como carne” o “no desayuno porque no tengo hambre”, y detrás de esas frases hay hábitos que, sin saberlo, están debilitando nuestros cuerpos con el paso del tiempo.

La doctora Lyon explica que una ingesta adecuada de proteína no solo previene la pérdida muscular, sino que mejora la sensibilidad a la insulina, reduce los antojos y ayuda a mantener un peso saludable. Además, promueve una mejor recuperación después del ejercicio, protege contra lesiones y nos prepara para afrontar mejor el estrés físico y emocional.
Y no se trata de comer cantidades enormes ni de volverse experto en nutrición. Se trata de entender que el cuerpo necesita un suministro constante de aminoácidos —los componentes básicos de la proteína— para regenerarse, sanar y funcionar bien. Lyon recomienda distribuir la ingesta de proteína de manera equilibrada durante el día, en lugar de concentrarla solo en la cena, como hacemos la mayoría.
Incluir proteína en cada comida —ya sea a través de huevos, pollo, pescado, carne magra, legumbres o suplementos de calidad— no debería verse como una moda de gimnasio, sino como una estrategia diaria de salud. Porque al final, como ella dice, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor.