Caminar antes de correr; constancia sobre intensidad en el gimnasio

La primera semana del año en el gimnasio se sintió distinto. No es el mismo lugar al que voy desde hace meses. Las máquinas están ocupadas por rostros nuevos, los vestidores huelen a ropa y tenis sin estrenar, y hay una energía entre euforia y ansiedad que se respira desde el estacionamiento. Algunos llegan con un ‘look’ recién sacado del empaque, otros con botellas motivacionales que marcan cuántos mililitros llevan del día. Las ganas están ahí, se notan. Pero algo me dice que para muchos será pasajero.

Y no lo digo con superioridad, o negatividad, al contrario. He estado ahí. He sido ese tipo que llega con todas las ganas del mundo, que quiere cambiar su vida en una semana, que siente que si no suda hasta desmayarse, el esfuerzo no vale. Pero la experiencia —y los errores— me han enseñado algo más valioso, no se trata de explotar en enero, sino de no rendirse en marzo.

He aprendido que siete sesiones regulares, incluso mediocres, valen más que tres días de intensidad brutal seguidos de cinco sin moverse. Que es mejor caminar que correr si eso significa volver mañana. Que el cuerpo cambia poco a poco, pero lo que más cuesta transformar es la mente. Y la mente necesita repetición, paciencia, humildad. No likes, ni selfies.

Esta semana vi de todo. Personas sentadas en las máquinas revisando su teléfono, otros tomando fotos más pendientes del ángulo que del ejercicio. No juzgo. Quizá esa es su forma de motivarse. Pero me pregunto si sabrán que lo que realmente cambia el cuerpo —y la vida— es la constancia silenciosa. El esfuerzo cuando nadie ve. El lunes sin aplausos, el viernes con flojera, el sábado temprano cuando el cuerpo duele.

No necesitas reventar cada músculo para decir que hiciste ejercicio. No necesitas una dieta perfecta ni un outfit nuevo. Lo que necesitas es volver. Una y otra vez. Aunque sea poco, aunque no veas cambios inmediatos. Porque al final, no gana el que más rápido empieza, sino el que menos veces se rinde.

Si estás leyendo esto y apenas comienzas tu camino en el gym, te felicito. Has dado el paso más difícil: empezar. Ahora solo te pido que no te castigues si un día no puedes darlo todo. Que no te compares. Que no te frustres si no ves resultados inmediatos. Y que recuerdes esto: los cambios grandes comienzan con pasos pequeños, repetidos todos los días.

No se trata de correr. Se trata de quedarte en el camino.

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