Si me hubieran dicho hace 10 años que una simple pastilla podía marcar la diferencia entre un día tenso y uno llevadero, probablemente me habría reído. Pero hoy, que ya crucé los 40, lo veo distinto. Dormir bien, recuperarme del ejercicio, evitar calambres nocturnos, incluso mantener la mente más tranquila… todo eso parece tener un común denominador: el magnesio.
No es un secreto que con el paso de los años, muchas funciones del cuerpo comienzan a desacelerarse. Y aunque solemos enfocarnos en la pérdida de masa muscular o en la vista cansada, hay un detalle que a menudo pasamos por alto; nuestras reservas de magnesio también disminuyen, y eso se traduce en síntomas que atribuimos al estrés o al envejecimiento, cuando en realidad podrían tener otra raíz.
La doctora Carolyn Dean, autora del libro The Magnesium Miracle, ha sido una de las voces más insistentes sobre el impacto de este mineral en más de 300 funciones del cuerpo humano. Desde el sistema nervioso hasta el cardiovascular, el magnesio está en todo. Y según estudios citados por el NIH (National Institutes of Health), al menos el 50% de las personas adultas en Estados Unidos no consume suficiente magnesio diariamente.
Y entonces llega esta expresión que me gustó desde que la escuché por primera vez: “magnesium is the original chill pill”. Porque más allá del cuerpo, también regula el estado de ánimo. Reduce la ansiedad, ayuda a dormir mejor, relaja los músculos, mejora la función cognitiva e incluso contribuye al metabolismo de la glucosa. En otras palabras, es esa ayuda silenciosa que muchos de nosotros necesitamos… pero no siempre buscamos.
A partir de los 40, el cuerpo también responde de manera distinta a la falta de este mineral, hay más rigidez muscular, más insomnio, más irritabilidad. En mi caso, noté que cuando comencé a suplementarlo por las noches —tras consultar con mi médico, claro— mi descanso mejoró considerablemente. No fue mágico ni inmediato, pero sí progresivo y real.
¿Se puede obtener de los alimentos? Por supuesto. El magnesio está en almendras, espinacas, semillas de calabaza, aguacate, legumbres y cereales integrales. Pero también es cierto que hoy muchos de estos alimentos llegan a nuestra mesa con menos nutrientes que antes, por cómo han sido cultivados o procesados. Por eso, muchas personas mayores de 40 —especialmente quienes hacen ejercicio, tienen estrés crónico o toman ciertos medicamentos— pueden beneficiarse de una dosis adicional mediante suplementos.
Existen varias formas: citrato, glicinato, treonato, entre otras. Cada una tiene sus ventajas y niveles de absorción distintos. Lo importante es elegir la adecuada para tus necesidades… y siempre hacerlo con respaldo médico. Porque aunque el magnesio es seguro, también puede interactuar con algunos tratamientos o generar efectos secundarios si se consume en exceso.
En una época en la que todo parece correr y nos cuesta frenar, el magnesio se ha convertido, para muchos, en ese freno natural. En ese recordatorio de que no todo se arregla con más presión, sino a veces con menos tensión. Puede que nadie lo note, pero cuando te haces cargo de tu bienestar desde adentro, todo cambia: descansas mejor, te irritas menos, y empiezas a vivir con más intención. A veces, sentirse bien solo necesita constancia.