Hubo un tiempo —cuando la adolescencia dictaba reglas confusas— en el que evitaba las almendras y nueces como si fueran culpables del apocalipsis. En mi mente, estaban ligadas al acné, a la piel grasa y a todos esos mitos de pasillo que uno escuchaba en la escuela entre amigos o hasta en la misma familia. Pero ese tiempo ya quedó atrás. Hoy, que camino con más conciencia por los pasillos del supermercado y también de la vida, he redescubierto su verdadero valor… especialmente para el cerebro.
Según un estudio publicado en Nutrients en 2023, consumir almendras regularmente puede mejorar las funciones cognitivas y la memoria. Se debe, entre otras cosas, a su alto contenido de vitamina E, ácidos grasos saludables (como el omega-9) y compuestos antioxidantes que ayudan a proteger las células del cerebro del deterioro causado por el estrés oxidativo. Esto, en palabras más simples, significa que comer almendras puede ayudar a que tu mente se mantenga más clara y ágil con los años.
Además, de acuerdo con la American Journal of Clinical Nutrition, un puñado de almendras al día —alrededor de 23 unidades o 28 gramos— es suficiente para obtener beneficios significativos sin excederse en calorías. Y lo mejor; no solo ayudan al cerebro, también regulan el colesterol, mejoran la salud intestinal y aportan saciedad, lo cual no viene mal en estos días donde comer entre comidas puede jugar en contra de tu peso.
Otro aspecto poco conocido es su aporte en magnesio, mineral esencial para la comunicación entre neuronas y para mantener los niveles de energía estables. Por eso en mi día trato de incluir almendras como snack en la mañana o después del almuerzo, no solo evito caer en tentaciones azucaradas, también intento que mi concentración mejore y la fatiga tarde más en llegar.
Hoy, esas almendras que antes veía con recelo se han convertido en aliadas. Tal vez no me quitarán las arrugas ni me convertirán en un genio de la noche a la mañana, pero sí me recuerdan que muchas veces el cuerpo y la mente necesitan lo más simple; nutrición real, sin disfraces.
Y aunque el acné ya no sea una preocupación, la claridad mental sí que lo es.