Hace unos días estaba buscando mis lentes mientras los traía puestos. No es broma. Fue uno de esos momentos en los que te ríes para no asustarte. Porque una cosa es olvidar el nombre de un actor o el título de una canción, y otra muy distinta es quedarte en blanco justo cuando ibas a dar un dato importante o explicar algo que conoces de toda la vida. Me ha pasado. Más de una vez. Pero ese día fue diferente. Esa escena absurda —yo, buscando lo que ya traía puesto— fue la señal que necesitaba para dejar de tomar a la ligera lo que llamamos “despistes”.
Aunque no fue la primera vez, sí fue el empujón que me llevó a tomar el asunto con más seriedad. Me puse a leer, a preguntar, a observarme. Y entendí algo que ahora me parece obvio; la memoria también se entrena. Así como vamos al gimnasio para mantenernos fuertes, o caminamos para cuidar el corazón, la mente necesita estímulo, atención y hasta cierto tipo de disciplina. No se trata de hacer maratones mentales ni de llenar la agenda con juegos de lógica, pero sí de darle a nuestro cerebro lo que necesita para seguir funcionando con claridad.
Según la Clínica Mayo, el deterioro cognitivo leve puede empezar desde los 50 o 60 años. No es una sentencia, pero sí una advertencia. En los hombres, el riesgo es un poco mayor, sobre todo si hay antecedentes familiares, presión alta o diabetes. En mujeres, aunque también existe el riesgo, suelen tener una ventaja natural gracias a factores hormonales, al menos hasta la menopausia. Eso lo dice Harvard Health Publishing, no lo inventé yo.
A mí me ha servido hacer cambios sencillos pero constantes. Leer todos los días, no depender tanto del celular para recordar cosas, intentar resolver crucigramas o simplemente recordar nombres y fechas sin buscarlas de inmediato en Google. Incluso cambiar rutinas: manejar por otra ruta, aprender algo nuevo. Todo lo que saque a la mente del “piloto automático” es bienvenido. Porque muchas veces no se trata de haber olvidado, sino de no haber puesto atención en primer lugar.
Y aunque estos pequeños ejercicios ayudan, también hay que saber cuándo pedir ayuda. Si los olvidos son frecuentes, si afectan lo que haces a diario, si ya no es una broma sino una preocupación real, entonces lo mejor es acudir al médico. La detección temprana puede marcar la diferencia. Y el estilo de vida también. La OMS ha señalado que una dieta balanceada, ejercicio físico regular, evitar el alcohol en exceso y mantener relaciones sociales activas ayudan a proteger la salud cerebral. No es fórmula mágica, pero sí una base sólida.
Yo lo veo así; si ya cuido lo que como, si entreno el cuerpo y busco sentirme bien físicamente, ¿por qué no darle también ese cuidado a la mente? Porque sí, la mente también se entrena. Y aunque a veces parezca que olvidar es cosa de la edad, también es cierto que recordar es cuestión de hábito. Y de decisión.