Durante años, al escuchar la palabra “colesterol”, uno pensaba en algo malo, peligroso, casi un sinónimo de infarto. Y claro, hay razones para preocuparse… pero también mucho mito que conviene aclarar. Sobre todo cuando, como yo, decides que ya es hora de poner manos a la obra con tu salud y te enfrentas con esos números que antes ignorabas en los resultados de laboratorio.
Primero lo básico; el colesterol no es “bueno” ni “malo” en sí, es una sustancia grasa necesaria para el funcionamiento del cuerpo. Ayuda a producir hormonas, vitamina D y sustancias que digieren los alimentos. El problema aparece cuando se desequilibra. Porque hay dos tipos: el LDL (que se pega en las arterias) y el HDL (que ayuda a limpiar ese exceso). Lo ideal es tener poco del primero y bastante del segundo. Sencillo en teoría, difícil cuando uno lleva años acumulando sedentarismo, estrés y antojitos.
Uno de los mitos más tercos —y aquí viene lo bueno— es que el huevo aumenta el colesterol. Falso. De hecho, la mayoría de estudios actuales coinciden en que el consumo moderado de huevo (uno al día, por ejemplo) no impacta negativamente los niveles de colesterol en personas sanas. El problema real está en las grasas trans, los embutidos, la comida ultra procesada y la falta de movimiento.
Entonces, ¿qué se puede hacer? En mi caso, empecé con lo más difícil; aceptar que necesitaba cambiar. Lo siguiente fue moverme. El ejercicio, en especial el cardiovascular (caminar, trotar, bicicleta, subir escaleras), ayuda a reducir el LDL y aumentar el HDL. No necesitas maratones, pero sí constancia. Cinco veces por semana, aunque sea media hora, puede marcar la diferencia.
En cuanto a la alimentación, hay aliados naturales que ayudan; la avena, el aguacate, las nueces, el aceite de oliva, los pescados grasos como el salmón, las legumbres. También hay suplementos como el omega-3, la niacina o la berberina que pueden servir, pero siempre consultando con un médico. Lo mismo con los medicamentos como las estatinas, que a veces son necesarias, pero no son excusa para no cambiar hábitos.
El colesterol alto no duele. No avisa. Pero puede estar ahí, acumulándose silenciosamente. Por eso es importante medirlo. Saber tus números. Y tomar decisiones antes de que lo haga tu cuerpo por ti.
Por eso decidí hacer algo. No para encajar en un estándar, ni para presumir resultados. Sino porque entendí que el cuerpo también habla… y a veces un susurro es su forma de advertirnos. Hoy me muevo más. Y trato de elegir lo mejor en la medida de lo posible. Porque cuidarse no es una moda ni una carga; es una forma de estar presente para los que amas, sin que tu salud sea un punto débil en la historia que aún estás escribiendo.