El poder invisible de la serotonina; hábitos sencillos para construir alegría duradera

Uno pensaría que la alegría viene con un gran logro, un viaje soñado, una noticia inesperada. Y a veces sí. Pero en la vida diaria, la verdadera alegría es más sutil. Menos fuegos artificiales y más brisa de mañana. Es esa sensación de estar bien sin una razón extraordinaria. Y lo interesante es que eso tiene nombre y apellido: serotonina.

Este neurotransmisor, al que muchos llaman el químico de la felicidad, no es magia ni placebo. Es ciencia. La psiquiatra española Marian Rojas Estapé lo explica con claridad en su libro Encuentra tu persona vitamina: “La serotonina se activa cuando uno se siente en paz, cuando descansa del miedo, cuando nota que lo están esperando, que forma parte de algo”. No se trata de estar eufórico, sino de sentir estabilidad interior. De sentir que uno habita su vida y no solo la sobrevive.

Y eso, lo digo por experiencia propia, se puede construir. No con fórmulas milagrosas, sino con actos tan cotidianos que a veces los pasamos por alto. La doctora Rojas Estapé insiste en que los hábitos son la arquitectura emocional de la mente. Que lo que haces todos los días, casi sin darte cuenta, va moldeando tu química y tu estado de ánimo.

Salir a caminar por la mañana, por ejemplo. Recibir unos minutos de sol en la cara no solo despeja las ideas; activa la producción de serotonina en el cerebro. Y no hace falta correr maratones para beneficiarse, mover el cuerpo, incluso con una caminata ligera o unos minutos de estiramiento, ya produce efectos. Como dice la autora: “Mover el cuerpo es mover la emoción”.

Otro gesto potente es la gratitud. Pero no la de estampitas ni frases motivacionales; hablo de detenerte un momento y reconocer lo bueno. Ella recomienda anotar cada noche tres cosas por las que agradeces. Es casi como limpiar el lente con el que miramos el día. Según Rojas Estapé, “la gratitud no cambia la realidad, pero sí la forma en que la interpretamos”.

Y luego está el contacto humano. Un abrazo largo, una conversación sin pantallas de por medio, un café compartido. Todo eso libera oxitocina y eleva la serotonina. La autora lo resume en una frase poderosa: “Estar con personas que nos validan, nos quieren y nos entienden tiene un efecto sanador profundo en el cerebro”.

Después de los 40, esto no es solo teoría. Es supervivencia emocional. Lo noto cada vez más seguido, ya no buscamos euforia, sino paz. Y esa paz no llega como un premio, sino como resultado de cómo vives, cómo piensas y con quién compartes el camino. La serotonina no hace ruido, pero sostiene. No hace ruido hacia fuera, pero ordena todo hacia dentro. Y en tiempos tan veloces, qué valioso es tener algo que te mantenga en pie desde adentro.

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