Cuando suena tu música favorita… y todo mejora

Hay días en los que nada parece fluir. Te despiertas con el cuerpo pesado, la mente nublada y una sensación sutil —pero persistente— de que algo no está bien. Puede ser estrés, cansancio o simplemente una racha emocional baja. A todos nos pasa. Pero hay algo, casi mágico, que puede alterar por completo esa narrativa. A veces, todo lo que necesitas es esa canción.

Pones tus audífonos, le das “play” a tu playlist de siempre —o mejor aún, a esa canción que ya conoces de memoria— y algo dentro de ti cambia. El ritmo, la melodía, la letra que te habla directo… y, sin darte cuenta, comienzas a caminar diferente, a mirar con otros ojos, a respirar más profundo. Como si la música reprogramara tu estado emocional.

Y no es solo percepción. La ciencia lo respalda.

Según un estudio publicado en Nature Neuroscience, escuchar música placentera libera dopamina, el neurotransmisor del placer, el mismo que se activa cuando comemos algo delicioso o recibimos una buena noticia. Es decir, tu cerebro responde a la música como lo haría a una recompensa emocional.

Pero hay más, de acuerdo con la Harvard Medical School, la música puede disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y mejorar indicadores como la presión arterial y el ritmo cardíaco. Es decir, no solo se trata de un asunto emocional, sino también físico.

Lo he vivido muchas veces. En mi caso, la música ha sido compañía, bálsamo, impulso y refugio. Lo fue en mis años de periodismo, cuando un buen “track” era el antídoto perfecto para lidiar con los días maratónicos de redacción. Lo es ahora, en las mañanas cuando el gym me espera pero las ganas no. Y también lo ha sido en esos momentos personales cuando necesitas espacio mental para pensar o para simplemente sentir.

woman, headphones, music, girl, smile, happy, leisure, relaxation, sound, listening to music, portrait, headphones, headphones, music, music, music, music, music, smile

He aprendido que no importa si es un “track” de Tiësto que me conecta con nuestros viajes a festivales, o una canción de Juan Gabriel que me recuerda a mi tierra. Lo importante no es el género, sino lo que representa para ti.

La música es personal. Y, como explica el psicólogo musical Daniel Levitin en su libro This is Your Brain on Music, las canciones que amamos están conectadas con momentos específicos de nuestra vida. Por eso, escuchar música favorita no solo nos da placer, también nos transporta a lugares emocionales donde alguna vez fuimos felices, fuertes o valientes.

Y eso tiene poder.

Hoy, la música está al alcance de todos. Desde Apple Music, Spotify y hasta YouTube, nunca ha sido tan fácil construir tu propio “botiquín emocional” en forma de playlist. No necesitas 50 canciones. A veces con dos o tres es suficiente para cambiarle el tono al día.

El reto es saber cuándo usarla, cuando darte ese respiro mental que una canción puede ofrecerte. Porque, seamos honestos, vivimos rodeados de ruido —del celular, del trabajo, del tráfico, de las noticias— y en medio de ese caos, la música puede ser esa pausa que necesitamos para volver a nosotros.

Así que la próxima vez que el día comience torcido, no subestimes el poder de ponerte los audífonos y darle “play” a eso que te gusta. No es evasión, es autocuidado.

Y si te funciona, repítelo. Una y otra vez.

Porque escuchar tu música favorita puede no resolver todos tus problemas. Pero sí puede hacer que el día, al menos por un momento, se sienta un poco más tuyo.

Leave a Comment