El trío silencioso que acecha nuestra salud

No suenan alarmas. No hay dolores fuertes. Todo parece en orden. Y sin embargo, muchos vivimos con tres compañeros silenciosos que, si no los vigilamos, pueden cambiar el rumbo de nuestra vida sin previo aviso: colesterol, presión arterial y azúcar en sangre.

A menudo los escuchamos en consultas médicas o campañas de salud, pero no siempre entendemos la dimensión de su impacto. Lo cierto es que cuando se salen de control, este trío puede desencadenar problemas mayores como infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, pérdida de visión o diabetes. Y lo más preocupante es que, en muchas ocasiones, no avisan. Son silenciosos, sí, pero también insistentes, constantes… y peligrosos si no se detectan a tiempo.

Empecemos por el colesterol. Según los CDC (Centers for Disease Control and Prevention), casi el 38% de los adultos en Estados Unidos tiene niveles altos de colesterol. El valor ideal del colesterol total debe ser menos de 200 mg/dL, con el LDL (colesterol “malo”) por debajo de 100 mg/dL y el HDL (colesterol “bueno”) mayor de 40 mg/dL en hombres y 50 en mujeres. Cuando este equilibrio se rompe, las arterias pueden llenarse de placas que obstruyen el flujo sanguíneo. Y uno no se da cuenta… hasta que llega el infarto.

La presión arterial tampoco se queda atrás. Según la Asociación Americana del Corazón, casi 1 de cada 2 adultos en EE. UU. tiene hipertensión, aunque muchos no lo saben. Los valores normales deben estar por debajo de 120/80 mmHg. Cuando esta cifra supera los 130/80, ya estamos hablando de presión elevada. Lo preocupante es que la hipertensión puede dañar silenciosamente el corazón, los riñones, el cerebro y los ojos, incluso sin causar dolor.

Y luego está el azúcar en sangre. Lo que comúnmente llamamos “la glucosa” debe estar en ayunas entre 70 y 99 mg/dL. Una lectura entre 100 y 125 mg/dL ya indica prediabetes, y 126 mg/dL o más puede ser diagnóstico de diabetes. De acuerdo con la Asociación Americana de Diabetes, más de 1 de cada 3 adultos en EE. UU. tiene prediabetes, y la mayoría no lo sabe. Eso significa que millones de personas caminan cada día con el riesgo latente de desarrollar una enfermedad crónica.

Pero no todo es pesimismo. La buena noticia es que este trío —colesterol, presión y azúcar— puede mantenerse a raya con hábitos fáciles de hacer: caminar 30 minutos al día, comer menos alimentos ultraprocesados, reducir azúcares añadidos, cuidar el sueño, manejar el estrés y dejar de fumar. Incluso una pérdida del 5% al 7% del peso corporal en personas con sobrepeso ha demostrado reducir significativamente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Claro, para hacer cambios, primero hay que saber cómo estamos. Hacerse estudios de sangre y tomarse la presión al menos una vez al año es una inversión en tranquilidad. Porque si se detecta a tiempo, hay margen para mejorar. Y si todo está bien, pues mejor aún.

Vivimos en una era donde cuidarnos no es lujo, es responsabilidad. Lo veo todos los días, quien se cuida, vive mejor. Quien se informa, decide mejor. Y aunque estos tres indicadores no se vean, tienen un peso inmenso en nuestra salud.

Colesterol, presión y azúcar no son enemigos, pero sí son señales que vale la pena vigilar. Son las luces del “check engine” de nuestro cuerpo. Ignorarlos es un riesgo. Atenderlos, un acto de amor propio.

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