Octubre llega cada año con su invasión de cintas rosas, símbolo de la lucha contra el cáncer de mama. Pero más allá del color, este mes se ha convertido en un recordatorio universal de que el cáncer está presente en nuestras vidas y que no podemos darle la espalda.
En Estados Unidos se proyectan para 2025 alrededor de dos millones de nuevos casos de cáncer y más de seiscientas mil muertes, según datos del Instituto Nacional del Cáncer. Los tipos más frecuentes serán el de mama, próstata, pulmón y colon. Y aunque estas cifras pueden parecer frías, detrás de cada número hay una vida, una familia, un entorno que cambia para siempre.
El cáncer de pulmón, por ejemplo, es el que más muertes provoca en el país, con más de 124 mil fallecimientos anuales de acuerdo con la base SEER. Los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recuerda que en 2022 el cáncer fue la segunda causa de muerte en Estados Unidos, con más de 613 mil decesos. Y la Sociedad Americana del Cáncer agrega un dato que nos sacude: cerca del 42 % de los casos y 45 % de las muertes están relacionados con factores modificables como fumar, el exceso de peso, la dieta, el consumo de alcohol o la falta de actividad física. En otras palabras, casi la mitad de esta tragedia podría evitarse con decisiones más saludables.
En los últimos años, un tipo de cáncer ha encendido las alarmas en Estados Unidos; el de colon y recto. La Sociedad Americana del Cáncer advierte que, aunque tradicionalmente se asociaba con adultos mayores, hoy está aumentando entre personas jóvenes y de mediana edad. Tanto así que sus guías preventivas modificaron la edad recomendada para una primera colonoscopía, de los 50 a los 45 años. Este ajuste no es capricho, sino respuesta directa al incremento de diagnósticos tempranos.
De acuerdo con la base SEER, el cáncer colorrectal es la segunda causa de muerte por cáncer en el país, solo detrás del de pulmón. Cada año se detectan más de 150 mil nuevos casos y alrededor de 52 mil muertes, una cifra que refleja tanto la magnitud del problema como la necesidad de actuar a tiempo. La buena noticia es que este tipo de cáncer es prevenible y detectable en fases iniciales, cuando el tratamiento puede ser más efectivo.
Especialistas de la Mayo Clinic y del CDC coinciden en que una colonoscopía puede identificar y remover pólipos antes de que se transformen en tumores malignos. En palabras simples: un examen puede literalmente salvar una vida. A esto se suma que factores como la obesidad, el sedentarismo, las dietas bajas en fibra y altas en carnes procesadas o el consumo excesivo de alcohol aumentan el riesgo.
Por eso, hablar del cáncer de colon no es solo hablar de estadísticas, es también una invitación a tomar medidas concretas. Caminar más, reducir el consumo de carnes procesadas, incluir más frutas y verduras en la dieta, moderar el alcohol y no postergar los chequeos médicos son acciones que parecen pequeñas, pero que, como recuerda la American Cancer Society, pueden marcar la diferencia entre una detección temprana o un diagnóstico tardío.
Ya con más de 50 años, estas estadísticas no son números lejanos, son recordatorios personales. Los riesgos aumentan, sí, pero también aumentan las posibilidades de hacer algo para reducirlos. No se trata de vivir con miedo ni de dejar de vivir, sino de hacerlo con propósito y con precaución. Porque cada decisión diaria —desde dejar un mal hábito hasta acudir a una revisión médica— es una manera de cuidar no solo la vida propia, sino la tranquilidad de los que nos rodean.
Octubre no debería quedarse en un listón rosa en la solapa. Debería ser un recordatorio de que la mejor forma de honrar a quienes han luchado contra el cáncer es tomando una decisión; agendar un chequeo, cambiar un hábito, hacer espacio en la vida para cuidar lo más básico, que es la salud. No se trata de vivir eternamente, se trata de vivir mejor, con la certeza de haber hecho lo que estaba en nuestras manos.