Ozempic, Wegovy y Mounjaro: los medicamentos que ahora avala la OMS para bajar de peso

Durante años, la obesidad ha cargado con más juicios morales que atención médica. “Falta de voluntad”, “mala alimentación”, “poca disciplina”. Así se hablaba, incluso en consultorios. Pero esta semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) rompió ese ciclo; reconoció oficialmente a la obesidad como una enfermedad crónica, y respaldó el uso de medicamentos modernos como parte del tratamiento.

La noticia es un parteaguas. No solo porque desactiva el estigma de “culpar al paciente”, sino porque legitima la ayuda médica en una batalla que muchos hemos librado en silencio.

Según la OMS, más de 890 millones de adultos en el mundo viven con obesidad. Y aunque los cambios en el estilo de vida siguen siendo fundamentales, ahora se reconoce que hay factores biológicos y hormonales que dificultan perder peso de manera sostenida, y que requieren abordajes médicos, incluyendo fármacos.

Entre los tratamientos más mencionados están los agonistas GLP-1, como semaglutida y tirzepatida, comercializados bajo nombres como Ozempic, Wegovy o Mounjaro. Estos medicamentos fueron diseñados originalmente para tratar la diabetes tipo 2, pero los estudios demostraron que también ayudan a perder entre un 10% y 20% del peso corporal en algunos pacientes.

¿Cómo funcionan? Imítan una hormona llamada GLP-1 (glucagon-like peptide-1), que regula el apetito, retrasa el vaciado del estómago y mejora la respuesta del cuerpo a la insulina. En pocas palabras: se come menos, se siente más saciedad, y se controla mejor el azúcar en sangre. El resultado no es inmediato, ni mágico, pero sí significativo cuando se usa con acompañamiento médico.

John Wilding, presidente del grupo asesor de la OMS, lo dijo claro: “Es hora de dejar de pensar que solo con dieta y ejercicio se resuelve todo. Hay evidencia sólida de que estos tratamientos farmacológicos son eficaces, y debemos usarlos donde estén indicados”.

Y eso plantea nuevos desafíos: ¿los cubrirán los seguros médicos?, ¿se capacitará a los doctores?, ¿los gobiernos tomarán medidas para ampliar el acceso sin que se vuelva un lujo de pocos? El respaldo de la OMS puede empujar esos cambios.

Lo importante es el mensaje: la obesidad no es un fracaso personal, sino una condición médica que merece tratamiento, como la hipertensión o el asma. Y si bien no hay soluciones fáciles, por fin se deja atrás la narrativa del juicio para abrir paso a la ciencia y también a la empatía.

Como alguien que ha visto de cerca cómo el sobrepeso afecta la vida diaria —la energía, la movilidad, incluso la autoestima—, celebro este cambio de enfoque. Reconocer el problema con nombre y tratamiento es, al menos, el primer paso para dejar de cargar culpas… y empezar a buscar soluciones reales y efectivas.

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