¿Debemos preocuparnos por la melatonina? Una reflexión personal a raíz de un estudio reciente

Un nuevo estudio preliminar presentado esta semana por la American Heart Association ha generado varios titulares inquietantes: que el uso prolongado de melatonina podría estar relacionado con un mayor riesgo de insuficiencia cardiaca. Las cifras, al menos de entrada, impresionan; un 90 % más de riesgo entre quienes la usaron durante al menos un año en comparación con quienes no lo hicieron.

Pero como casi siempre ocurre con los estudios que se hacen virales, la clave está en lo que no se puede concluir. Y ahí es donde vale la pena detenerse.

Según los investigadores, se analizaron los registros médicos de más de 130 000 adultos con insomnio. De ellos, quienes usaron melatonina por al menos un año presentaron mayor riesgo de ser hospitalizados por insuficiencia cardiaca, y también una mayor tasa de mortalidad general. Hasta ahí los datos.

Pero también aclaran —y esto es importante— que se trata de un estudio observacional. Es decir, que muestra una asociación, no una relación causal. No se puede afirmar, con base en este análisis, que la melatonina cause problemas cardíacos. Ni siquiera se conoce con precisión la dosis ni la constancia real en el uso de cada participante, ya que muchas veces este suplemento se compra sin receta y no se documenta del todo.

Y es aquí donde entra mi experiencia personal.

Yo tomo melatonina todos los días. Me ayuda a desconectarme del bullicio mental y a caer en sueño profundo. Lo hago de manera consciente, dentro del rango sugerido (1 mg a 5 mg dependiendo la noche), y con el aval de saber que mi salud cardiovascular está siendo monitoreada regularmente. ¿Efectos secundarios? Solo uno: sueños más vívidos, a veces pesadillas. Pero nada que se compare con el insomnio.

No estoy solo, en Estados Unidos, el uso de melatonina ha crecido más del 500 % en la última década, sobre todo en personas mayores de 40 años, de acuerdo con un análisis publicado por el Journal of the American Medical Association (JAMA). 

Si bien esta nueva investigación sirve como recordatorio para no asumir que “natural” es sinónimo de “inofensivo”, tampoco es una sentencia de alarma para quienes —como yo— la usamos con mesura y supervisión.

Lo importante, creo, es no perder de vista el contexto. El insomnio crónico por sí solo ya representa un riesgo para la salud del corazón. Dormir mal, noche tras noche, no es un problema menor y si la melatonina ayuda a romper ese ciclo y devolvernos algo de equilibrio, sigue siendo una herramienta válida, aunque no milagrosa.

Este nuevo estudio no debería generar pánico, pero sí reflexión. La melatonina no debe ser la primera ni la única respuesta. Antes de tomarla (o seguir tomándola), lo mejor es consultar con un médico. 

Lo que sí conviene hacer —y esta nota lo confirma— es revisar nuestros hábitos; la luz del celular en la noche, el café en exceso, el estrés acumulado. Dormir bien empieza mucho antes de apagar la luz.

No descartemos la melatonina por titulares apresurados, pero tampoco la usemos a ciegas.

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